jueves, 2 de mayo de 2013

Su adiós, en un sueño: Ivan Turina


Los tiempos actuales andan plagados de dramas. Demasiados. Por eso, no apetece nada en principio escribir sobre otro. Uno más entre tantos. Todas las muertes son tristes. Sean de famosos o de anónimos. De deportistas o de oficinistas. Violentas o tranquilas. El 2 de mayo de 2013 el croata Ivan Turina tuvo el infortunio de unirse a la lista de nombres de futbolistas fallecidos en activo. Murió en su casa en Solna, mientras dormía. Su esposa, embarazada de su tercer hijo, que se unirá a las gemelas que tuvo la pareja hace prácticamente un año, no se dio cuenta de nada hasta la mañana siguiente. Un paralelismo y a la vez una diferencia con el también triste fallecimiento del que fuera capitán del Espanyol, Dani Jarque.

Turina, nacido el 3 de octubre de 1980 en Zagreb, en lo que era entonces la antigua Yugoslavia, inició su carrera como profesional en el Dinamo de Zagreb en 1998. Tras encadenar varias cesiones, fue traspasado en 2007 al Skoda Shanti de la liga griega. Allí permaneció durante una temporada, sin apenas contar minutos. El Lech Poznan, en 2008, se convirtió en otro breve y desafortunado destino antes de volver a casa, al Dinamo de Zagreb. Tras entrenarse con el equipo durante algunos meses, en 2010 se le ofreció un contrato corto para jugar hasta el final de la campaña 2009-2010. Sin embargo, no llegaría a cumplirlo. Otra vez sin minutos, y tras permanecer varios días a prueba, firmó finalmente por el AIK Solna sueco. Inicialmente, hasta 2013. Ahí, por fin, encontró este espigado guardameta su sitio. Ahí pudo desplegar la mejor versíón de su juego.

Poco a poco, se ganó el respeto y la admiración de sus nuevos aficionados. Tanto es así, que el club, en febrero de 2013, decidió prorrogar su contrato por tres temporadas más, hasta 2016. Al fin todo le iba bien. Era muy bien considerado como portero, vivía en Suecia con su esposa, con sus dos hijas y esperaba la llegada de un nuevo miembro de la familia. La vida, por fin, le sonreía. Hasta que, por avatares del destino, decidió abandonarlo. En apareciencia, dulcemente, sin estridencias. Turina pronunció su adiós en un sueño. Sirvan estas humildes líneas como sencillo homenaje. 

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